Los sucesos de Hollister de 1947

Los sucesos de Hollister de 1947

Si hay una fecha destacada en la subcultura biker esa es 1947. No se trata tanto de lo que sucedió en Hollister el fin de semana del 4 de julio, sino del efecto y la influencia que tuvo la versión que ofrecieron los medios, y posteriormente, el cine de lo sucedido. Lo que a continuación sigue es una traducción de lo que se puede encontrar en la página de los Salinas Ramblers MC, que se encargaban de organizar el evento de Hollister con la AMA (American Motorcycle Asociation), acompañada de fotografías de aquellos días.

Los auténticos “Salvajes”. Los “disturbios” de Hollister de 1947
Nota para los visitantes de bikewriter.com: Estas entrevistas se llevaron a cabo a finales de 1998. Todos los participantes fueron testigos presenciales de los hechos que llegaron a ser conocidos como los “disturbios” de Hollister. Extractos de las entrevistas se publicaron en Bike Classic, pero las transcripciones completas se presentan aquí, con el fin de documentar completamente este importante evento de la historia del motociclismo.

Resumen / Lead
El 4 de julio de 1947, 4000 escapes libres entraron en Hollister. Su plan era pasar el largo fin de semana de fiesta y ver las carreras, pero la fiesta se desmadró un poco. La policía local incluso admitió que los motoristas “se hicieron más daño a sí mismos de lo que le hicieron a la ciudad”, pero la prensa explotó la historia fuera de toda proporción. Cuando los hechos fueron dramatizados por Hollywood en “El savaje” (The Wild One), la imagen que  EEUU tenía del motociclismo cambió para siempre. Ahora puedes leer, lo que sucedió en realidad, en las palabras de las personas que realmente estuvieron allí.

Introducción
Al finalizar la segunda guerra mundial, la ciudad de californiana de Hollister tenía una población de alrededor de 4.500 habitantes. Las tierras de cultivo, suavemente onduladas, que rodean la comunidad eran muy adecuadas para ir en moto. En las afueras de la ciudad, en Bolado Park, a unos 10 kilómetros de distancia, y en el Memorial Park había instalaciones para scrambles (senderos), hillclimbs (ascensiones) y carreras de dirt-track.

Durante la década de 1930, Hollister había sido el escenario de carreras populares organizadas por la Asociación de Motociclistas Americanos y promocionadas por los Salinas Scramblers (corrección – Salinas Ramblers). Los espectadores participaban en el ‘Gypsy Tour’ organizado por la AMA y, al crecer la asistencia, las carreras del Memorial Day llegaron a ser tan importantes como la feria de ganado o el rodeo de Hollister.

Las carreras se dejaron de celebrar después de la entrada tardía de Estados Unidos en la guerra. Cuando se organizaron de nuevo en 1947, los comerciantes locales dieron la bienvenida a esa importante fuente de ingresos para la economía de Hollister.

Cuando llegó la paz, muchos soldados estadounidenses fueron desmovilizados en California y se establecieron allí. Como soldados tenían un sueldo regular, pero no encontraban en que gastarlo. En la soleada California, con dinero extra en la mano, hicieron lo mismo que cualquier lector del Classic Bike hubiera hecho. Entonces, cuando se cansaron, con lo que les sobró, compraron motos.

Los veteranos formaron cientos de pequeños motoclubs con nombres como los ‘Jackrabbits’ (Liebres), ’13 Rebels’ y ‘Yellow Jackets’ (Chaquetas amarillas). Los miembros vestían sueters del club; rodaban, bebían y se iban de fiesta juntos, y organizaban salidas informales al campo. No había ningún sentido de la territorialidad o rivalidad entre clubs.

La AMA se dio cuenta de que la guerra había relacionado a muchos estadounidenses con las motos. Los veteranos volvían con experiencia sobre la Harley Davidson WLA 45. A su regreso, la escasez de metales y combustible había animado a la gente a ir en moto en lugar de en coche. Deseando conservar estos nuevos pilotos, la AMA volvió a organizar competiciones y “Gypsy Tours” con renovado entusiasmo.

El ejército, sin embargo, no es el mejor lugar para adquirir buenos modales. Los nuevos motociclistas bebían más y eran más revoltosos que los pilotos que venían a Hollister antes de la guerra.

A partir del viernes por la mañana, miles de motociclistas se desparramaron por la ciudad. Bajaron desde San Francisco, subieron desde Los Ángeles y San Diego, y otros vinieron desde lugares tan lejanos como Florida y Connecticut. Por la noche, San Benito Street estaba colapsada por las motos. Con el fin de evitar que los lugareños se perdieran entre la multitud, el departamento de policía de Hollister, de siete hombres, puso unos controles de carretera en cada extremo de la calle principal.

Al principio, los 21 (!) bares y tabernas de Hollister dieron la bienvenida a los motoristas con los brazos abiertos. Fue un buen truco colocar las motos en frente de varias tabernas. Sin embargo, los dueños de los bares se dieron cuenta rápidamente de que la multitud no necesitaba ningún estímulo adicional. Siguiendo el consejo de la policía, los camareros acordaron cerrar dos horas antes de lo normal. Un intento en vano. Se hizo para dejar de servir cerveza, pensando que los motoristas probablemente no podrían permitirse el lujo de tomar alcohol más fuerte.

Desde el atardecer del viernes a la madrugada del domingo, la sobrepasada policía de Hollister (y muchos residentes perplejos) vieron carreras de aceleración de borrachos a escape libre, derrapadas, quemadas e improvisadas carreras de relevos por la calle principal. La mayoría de ellos ignoró las carreras que se estaban celebrando en el Memorial Park.

En total, se trataron por heridas en el hospital local a 50 o 60 motoristas. Hubo el mismo número de arrestados, que fueron acusados de delitos menores como: embriaguez pública, conducta desordenada y conducción temeraria. La mayoría fueron retenidos solamente durante unas horas. No hubo asesinatos ni violaciones, no hubo destrucción de propiedad, ni incendios, ni saqueos. De hecho ningún ciudadano sufrió ningún daño.

El domingo, llegaron 40 oficiales de la patrulla de carreteras de California con una demostración de fuerza y amenazas de gas lacrimógeno. Los motoristas se dispersaron y volvieron a sus puestos de trabajo.

El San Francisco Chronicle se apresuró a contar el fin de semana salvaje de Hollister. Aunque en realidad no mintieran, las historias llevaban titulares sensacionalistas de tipo: “Devastación en Hollister” y “Disturbios… los motoristas toman la ciudad”. La pesadilla del departamento de relaciones públicas de la AMA empeoró dos semanas más tarde, cuando la revista Life publicó una foto, a página completa, de un fornido borracho balanceándose encima de una Harley con una cerveza en cada mano.

Conforme pasa el tiempo, se hace más difícil separar el mito de la realidad respecto a Hollister. No pudo haber sido tan malo, cuando el pueblo aceptó que, la AMA y los Salinas Ramblers, volvieran a organizar las carreras otra vez, tan sólo cinco meses después. Los establecimientos de la ciudad dieron la bienvenida a los motoristas (y a sus billeteras) de nuevo.

La población estaba en calma en medio de una tormenta nacional. Hollister, que era la que había vivido realmente los “disturbios”, estaba preparada para recibir a los motociclistas de nuevo, mientras tanto otras ciudades de los EE.UU., que sólo habían leído lo que la prensa había escrito, suspendieron las carreras. Además, los departamentos de policía fomentaron la idea de que bandas errantes de despiadados matones motorizados podían aparecer en sus ciudades en cualquier momento. Este era un recurso especialmente utilizado a la hora de asignar presupuestos.

Cuando Hollywood en 1954 dramatizó el fin de semana Hollister en la película “El savaje” (The Wild One), se perdió cualquier esperanza de salvar la imagen del motociclismo. En el mejor de los casos, se mostraba a los motoristas como borrachos inadaptados y en el peor, como sociópatas. La única concesión de la película es la escena en que, después de un paseo en la Triumph de Brando, una  hermosa, pero casta, joven cambia de opinión. Si fuera posible.

Irónicamente, la cobertura sensacionalista de Hollister en los medios contribuyó a engendrar auténticas bandas criminales de motoristas “fuera de la ley”. Una vez que el temor de la gente a los motoristas llegó a su punto álgido, las motos resultaron irresistibles para los sociópatas auténticos. Algunos “depredadores” formaron clubs influenciados por las salvajemente exageradas representaciones en los medios de la delincuencia motorizada. Durante los 60, los clubs como Hell’s Angels hacían parecer bueno a Marlon Brando. ¡A Marlon Brando! Desde entonces la AMA ha estado cubriéndose el culo a base de relaciones públicas.

Los testigos presenciales

Bertis ‘Bert’ Lanning
Bert Lanning tenía 37 años cuando se celebró Hollister el Gypsy Tour del 47. Como mecánico de un garaje local, tuvo contacto directo con muchos de los motoristas involucrados.

“Trabajaba en Hollister, en la tienda de neumáticos de Bernie Sevenman, justo en la calle principal. Yo mismo tuve motos, una Harley del 45, y una Triumph. Ahora tengo 88 años y mi vista no es lo suficientemente buena para montar. ¡Pero todavía tengo una moto en mi garaje!

Había mucho alboroto. En aquel entonces, la cerveza siempre venía en botellas, y había alguna que otra rota en la calle, así que algunos motoristas pinchaban sus ruedas. Las traían a la tienda, bien para que se las arreglaran, bien para arreglarlas ellos mismos. En un momento había tanta gente alrededor de la tienda que los chicos se pusieron a arreglar los neumáticos en la calle, entrando y saliendo a pedir herramientas. Tal vez desaparecieron un par de herramientas. En cualquier caso, mi jefe se puso nervioso y me dijo que cerrara la tienda. Pensé que era estupendo, porque quería salir de allí y verlo todo.

Main Street estaba colapsado, pero ni de cerca tan mal como contaron los periódicos. Había un montón de tipos en el segundo piso del hotel, lanzando globos de agua. Yo no vi ninguna pelea ni nada parecido. Me gustó mucho. Supongo que a algunas personas, sencillamente, no les gustan las motos.”

Bob Yant
Bob Yant era el dueño de una tienda de electrodomésticos en la calle principal de Hollister. Por entonces, los aparatos se construían para durar, y así es Bob: sigue trabajando en su tienda todos los días.

“En 1947, mi padre acababa de comprar un negocio de electricidad y electrodomésticos. Teníamos una tienda justo en San Benito (calle). Había motoristas en todas partes,.. durmiendo en las huertas.

Nuestra tienda abrió ese sábado. Los chicos subían y bajaban por la calle principal, haciendo caballitos. La calle estaba llena de motos y las aceras estaban atestadas de lugareños que habían venido a echar un vistazo. Eso era malo para mi negocio porque los clientes no podían llegar a mi tienda. Había tan poco trabajo que me fui temprano y le dije al empleado que cerrara.

El domingo fui al hospital para visitar a un amigo. Había un montón de tíos heridos en camillas por los pasillos, pero creo que la mayoría eran corredores. Debía de haber unos 15, que era todo un espectáculo en un hospital tan pequeño.
No hubo saqueos ni nada parecido, nunca tuve miedo durante el fin de semana. Usted sabe que tuvimos algunos problemillas incluso cuando los motoristas no estaban en la ciudad. Creo que un tío metió una moto en el “Walt Club” (un bar) o algo parecido, y a alguien le entró el pánico. La patrulla de carreteras vino en masa y se aclaró todo.

Un día después de que todos se hubieran ido, al lado de mi tienda, había dos tíos sacando una foto. Trajeron un montón de botellas de cerveza vacías de un bar, las dispusieron alrededor de una moto y subieron a un tipo encima. Estoy seguro de que así fue como se tomó, porque querían sacarla desde bastante arriba y me pidieron prestada una escalera. Esa es la foto apareció en la portada de la revista Life. (Nota del autor: no hay ninguna prueba de que Life publicara alguna vez la historia Hollister en  portada).

No mucho después de eso, se convirtió la pista de carreras un campo de béisbol.”

Catherine Dabo
Catherine Dabo y su marido tenían el mejor hotel de Hollister. Cuando los motoristas estaban siendo demonizados por los medios, ella siempre los defendió.

“Mi marido y yo regentábamos el hotel, que tenía también restaurante y bar. Era el primer gran rally después de la guerra. Nuestro bar tenía unos 12 metros largo, y un motorista entro con su moto por la puerta del bar, cruzó la barra, traspasó la puerta. ¡Y apareció en el vestíbulo del hotel!

Estábamos completos. Todas las habitaciones estaban ocupadas y teníamos gente durmiendo en los pasillos, en el vestíbulo, pero eran buena gente. ¡Tuvimos más problemas cualquier otro fin de semana! Nunca tuve miedo. Si te gusta la gente, gustas a la gente. Tal vez si se intenta decirles lo que deben hacer, entonces… ¡cuidado!

¡Las motos estaban aparcadas en la calle como sardinas en lata! No podía creer lo bonitas que eran algunas.

Fue genial para nuestro negocio, nos dio el dinero que necesitábamos para pagar nuestras deudas y los impuestos. Todo pagado con sus habitaciones, su comida y sus bebidas.

Ellos (la prensa) dinamitaron lo que fue. Yo ni siquiera sabía que había pasado algo hasta que leí los periódicos de San Francisco. ¡El pueblo era tan pequeño que si hubiera habido disturbios me hubiese enterado! Tenía tres hijos pequeños que vivían a pocos metros de distancia, y nunca temí por ellos. Creo que las carreras  se reanudaron en el 51. Mi marido y yo siempre defendimos a los motoristas. Eran buena gente.”

Gil Armas
Gil Armas todavía monta una Harley “Knucklehead” de 1947. Ha competido en pruebas de dirt track, y más tarde ha patrocinado a una serie de pilotos de velocidad.

“Por aquel entonces, yo era peón de albañil, trabajaba para un escayolista de Los Ángeles, tenía una Harley del 36, y rulaba con los Boozefighters. Nos dejábamos caer por bares como el ‘All American’, el Firestone y el Central. La mayoría de moto clubs iban por allí, incluyendo a los 13 Rebels y los Jackrabbits.

Básicamente, ibamos a rodar. Algunos de nosotros participabamos en carreras , o nos encontramos donde hubiera eventos como relevos, drags, no había ningun evento llamado “quedarse fuera” donde todo el mundo estuviera en un gran círculo, y si conseguías pasar estabas fuera. Al principio, la mayoría de nuestras carreras eran “ilegales”, las organizábamos nosotros mismos, pero años más tarde, muchos de nosotros éramos profesionales y corríamos en la milla y la media milla (aprobadas por la AMA). Me retiré (de las carreras) en el 53.

Fui a Hollister de paseo. Un par amigos míos iban a correr. Mi moto era un caso aparte, la metí en un remolque y la llevé hasta allí. No quería perderme la diversión. Terminé durmiendo en el coche.
Empezamos la fiesta. Había tantas motos que la policía bloqueó la carretera. De hecho, ellos participaron en ello. Había cuatro de ellos en un jeep. Tuvimos una especie de tira y afloja, nosotros empujábamos en una dirección y ellos en la otra. Los ánimos se encendieron un poco cuando alguien robó el sombrero de un policía, pero todo se calmó. Había carreras en la calle y cosas por el estilo, pero la policía lo tenía bajo control.

Después, los periódicos contaron historias de como sacamos a un montón de tíos de la cárcel, pero no sucedió nada de eso. Hubo un par de arrestos, básicamente por embriaguez y desordenes -, al fin y al cabo todo lo que hicimos fue bajar y sacarles de apuros. De hecho, algunos de los clubs intentaron obligar a los periódicos a retractarse. Lo hicieron,  escribieron una nota retractactándose, pero era tan pequeña que nadie la vio.

Los dueños de los bares estaban fuera de sus locales diciendo: “!Mete tu moto!”. Me metieron en el bar.

El domingo, la policía volvió con material antidisturbios, y dijo a todo el mundo que hiciera las maletas y se marchara. Al principio, nos sentamos en la acera y nos reimos de ellos, porque no había habido ningún motín, pero de todas formas nos fuimos.

En aquellos tiempos, si montabas en moto, cualquiera que montara en moto era tu amigo. Nosotros (los Boozefighters) íbamos a todas las fiestas de presentación.”

August ‘Gus’ Deserpa
Gus Deserpa vivía en Hollister. Es el joven sonriente que se ve al fondo de la famosa foto de la revista Life.

“Tenía contrato de proyeccionista. Trabajaba en el Teatro Granada, que estaba en la esquina de la Séptima y San Benito. Tenía que salir del trabajo a las 11 de la noche. Mi mujer vino a recogerme, y decidimos pasear por la calle principal para ver lo que estaba pasando.

Vi a dos tíos reunir todas aquellas botellas que estaban tiradas en la calle. Luego se colocó una motocicleta en el centro de la pila. Al de un rato salió ese tío borracho del bar tambaleándose, lo montaron en la moto, y comenzaron a sacarle fotos.

Pensé que eso no estaba bien. Así que, creyendo que no la sacarían si alguien más estaba allí, me coloqué en la pared para salir en la foto. Pero lo hicieron de todos modos. Al de unos días, salió en los periódicos y yo estaba ahí en el fondo.

No estaban haciendo nada malo, únicamente subir y bajar, hacer el ganso y gritar, en realidad no causaron ningún daño a nadie.”

Marylou Williams
Marylou Williams y su marido eran dueños de una farmacia en la calle principal de Hollister.

“Mi marido y yo llevábamos la farmacia de Hollister, que estaba justo al lado del bar de Johnny, en la calle principal. Subimos al edificio Elks para ver lo que sucedía en la calle. Recuerdo que las aceras estaban tan llenas que tuvimos que pegarnos a la pared del edificio.

Arriba en el segundo piso del edificio Elks, había algunos balcones pequeños. Eran demasiado pequeños para salir, pero podías inclinarte hacia fuera y conseguir una buena vista de la calle. Llevé a mis hijas verlo, tenía dos hijas. Tenían aproximadamente 4 y 8 años en ese momento. Nunca se me ocurrió preocuparme por su seguridad. Los vimos subiendo y bajando por la calle, pero eso fue todo, cuando el rodeo estaba en la ciudad, los vaqueros sí que eran malos.”

Harry Hill
Harry Hill es un coronel retirado de las fuerzas aéreas (USAF). Fue a visitar a sus padres a Hollister durante los disturbios de 1947.

“Estaba de servicio, pero pasaba  en casa el largo fin de semana. Hollister era una comunidad agrícola en aquel entonces. La población era más o menos de unos 4.500 habitantes. Ahora es una ciudad dormitorio de Silicon Valley y su población es de aproximadamente 20.000 habitantes.

Antes de la guerra, había habido carreras de motos en las afueras de Bolado Park, a unos 10 kilómetros al sureste de la ciudad. Creo que el gran evento era una carrera de 100 millas que cruzaba el país. En aquel entonces, la AMA hacía una cosa que se llamaba el Gypsy Tour, la gente venía en moto de todas partes. Además de las carreras había otros concursos: precisión y decoración de motos.

Me gustaban las motos, empecé a montar sobre 1930, y en diferentes momentos tuve tanto Harleys y como Indians. Dejé de montar cuando me alisté en las fuerzas aéreas, por el 41, por lo que mis motos se convirtieron en chatarra anticuada.
Por aquel entonces, ese fin de semana no era precisamente el mayor evento de la ciudad, pero era tan importante como el rodeo, o el espectáculo de ensillar caballos. Creo que siempre había dos o tres muertos durante esos fines de semana, corredores o conductores borrachos, pero las cosas cambiaron después de la guerra, se hicieron un poco más broncas.

En el 47, todavía estaba en el servicio activo. Creo que era un poco más disciplinado que el motorista medio que vino ese fin de semana. Aquello era un manicomio, además mis padres eran personas de edad avanzada, y no me pareció bien dejarlos solos, así que me quedé en casa. Aunque, por supuesto, lo oí.

El domingo, fui a echar un vistazo. Era un desastre, pero no había evidencias reales de daños físicos, ni incendios, ni nada de eso.

Parecía que corría más el alcohol cuando los motoristas estaban en la ciudad que cuando estaban los vaqueros. Cuando los motoristas montaban bulla, solíamos decir: !Que les suelten a los vaqueros!

Años después, comencé a montar otra vez. Francamente, estaba preocupado por la imagen que teníamos como motociclistas: los Hell’s Angels, el alcohol, las putas …  la reputación era muy mala (del motociclismo). Y continuó siendo mala publicidad en lugares como Bass Lake, donde había una gran reunión anual de motoristas. Pero volví a montar porque me encantaba. Mis últimas motos fueron una Kawasaki Mach III en los setenta, y una Kawasaki 1000, que vendí en 1990.”

Jim Cameron
Jim Cameron sigue siendo piloto de motos, monta una BSA Gold Star construida por Jeff Smith  en eventos de motocross. clásico. Dice riendo: “Debido a mi edad. ¡La AHRMA sólo me permite competir en la categoría novato!”

“Yo era un Boozefighter. Los Boozefighters se formaron un año antes. Wino Willie había sido miembro de los Roughriders de Compton. Habían ido a una carrera de dirty track de la AMA en San Diego. Entre series, Willie había estado bebiendo, aunque por supuesto, arrancó su moto y dió un par de vueltas alrededor de la pista, solo para divertirse. Entonces lo descalificaron. Los Roughriders le expulsaron del club por eso. Creían que les había avergonzado.

Willie decidió que si no podían ver el lado gracioso de esto, empezaría su propio club. En aquel entonces algunos de nosotros parábamos en un bar en del sur de LA, llamado All American. Varios clubs se reunían allí: los 13 Rebels, los Yellowjackets, en cualquier caso, Willie estaba hablando con otro tío sobre cómo llamar al club y allí estaba un viejo borracho escuchando. El viejo soltó: ¿Por qué no os llamais los Boozefighters?.  Willie pensó que el nombre era endiabladamente gracioso, así que fue el nombre elegido.

El nombre de Boozefighters era engañoso, no había que pelear con nadie. Era difícil entrar, había que ir a cinco sesiones, después había una votación y si te sacaban una bola negra  estabas fuera. Llevábamos suéteres verdes y blancos con una botella de cerveza en la parte delantera y “Boozefighters” en la parte posterior.

En aquel entonces, creo que tenía 23 o 24 años, acababa de salir de las fuerzas aéreas. Había estado en el Pacífico, pero Willie y algunos de los otros habían sido paracaidistas en Europa. Habían tenido una guerra bastante dura. Tenía una Indian Explorer y una Harley  del 45 que utilizaba como mensajero.

En aquel entonces, la AMA organizaba los “Gypsy Tours”. Uno iba a ir a Hollister el fin de semana del día de la independencia. Sonaba bien, así que algunos de nosotros decidimos ir allí.

Salimos de Los Ángeles jueves por la noche y rodamos durante toda la noche. Creo que mi Explorer sólo iba a unos 55 kilómetros por hora, así que tardé un buen rato. Creo que montamos hasta agotarnos y nos detuvimos para dormir unas horas en King City. Serían las 6 de la mañana cuando me desperté. Hacía bastante frío y, cuando abrió la tienda de licores, compré una botella que bebí para tratar de entrar en calor. Entonces monté hasta Hollister.

Serían alrededor de las 8:30 de la mañana del viernes, cuando llegué. Iba por la calle y vi a, aquel chico, un Boozefighter salir de un bar, y me gritó: ¡Entra!’. Así que metí con mi moto en el bar. El dueño estaba allí y no parecía importarle en absoluto. Pudo ver que ya estaba bastante borracho, así que quiso quitarme las llaves. Pensaba que no debía montar en esas condiciones. La Indian no necesitaba la llave para arrancar, pero la dejé allí en el bar todo el fin de semana.

No creo que estuvieramos más de 7 Boozefighters de LA. Tambien había algunos Boozefighters de ‘Frisco’. Uno de los chicos tenía un Cadillac  del 36. Lo usó para llevar nuestro remolque. Teníamos un remolque con unas quince o dieciséis literas apiladas de tres en tres en ambos lados. Fundamentalmente, lo que nos gustaba era beber e ir de fiesta hasta cagarte y, luego, íbamos allí a dormir la mona.

Decían que allí había unos 3.000 tíos. Creo que la mayoría se fué a ver las carreras de Dirt Track fuera de la ciudad. Pero nosotros no. Nos lo estábamos pasando bien. La calle estaba llena de motos y la policía la había cerrado. Básicamente, los chicos se lucían, hacían carreras de aceleración, derrape en círculos, probar cuántas personas podían montarse en una moto… y nosotros mirábamos y nos reíamos.

El líder de los ‘Boozefighters de Frisco era un tipo que se llama Kokomo. Estaba en la ventana del segundo o tercer piso del hotel, donde había un cable de teléfono que  cruzaba la calle. Llevaba un uniforme rojo chillón, como de payaso de circo, y estaba de pie en la ventana fingiendo que iba a salir al alambre, como un equilibrista. Era endemoniadamente gracioso.

Allí había un par de policías pero estaban esperando a que se enfriara. Prácticamente, no se arrestó a nadie a menos que hicieran algo para merecerlo. El único Boozefighter, que recuerde, que fue arrestado era un tipo de San Francisco. Algunos habían llegado en un Ford T. Se  sobrecalentó y, mientras bajaban por la calle, trató de mear en el radiador. El caso es que, lo detuvieron y Wino Willie bajó para intentar sacarlo. Pero como, en ese momento, él estaba bastante borracho también le arrestaron. Aunque después de algunas horas los soltaron.

Sobre la noche del sábado empecé a despejarme. Después de todo, tenía que ir  para casa el domingo. Creo que tenía la moto fuera del bar y me marché a casa sobre las 4 de la tarde del domingo. Sin duda, el asunto no fue tan gordo como hicieron ver los periódicos.”

Juan Lomanto
Juan Lomanto era propietario de una granja a pocos kilómetros de Hollister. Era un ferviente motociclista y un corredor local bien conocido.

“Trabajaba con mi padre en nuestra finca, que estaba a pocos kilómetros de Hollister. Cultivabamos nueces, albaricoques y ciruelas. Tenía una Harley  del 41, y fuí uno de los primeros miembros del motoclup Top Hatters de Hollister. De hecho, las primeras reuniones se celebraron en uno de los graneros, aunque más tarde alquilamos un club house en el centro de Hollister. Nos reuníamos tres veces al mes. Éramos un club auténtico, con presidente, secretario, tesorero y todo eso. Nuestras mujeres también venían. Nuestro uniforme era un suéter amarillo con mangas rojas.

Hubo pocas carreras ese fin de semana, creo que hubo una carrera de 1/2 milla y una TT. Yo no fui a las carreras pero paseé con mi moto por el centro de la ciudad.

Era una sensación preciosa. La calle principal estaba cortada y todo el pueblo estaba repleto de motos. Todo el mundo tenía una cerveza en la mano. No puedo decir que no estuvieran un poco borrachos. Pero no hubo ninguna pelea de verdad – ni nada de esa M.

El artículo anterior fue escrito por Mark E. Gardiner y apareció en un sitio web llamado Bike Classic, que ya no está disponible en la web.

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  1. desguaceweb – La historia del parche de tres piezas - [...] Puedes encontrar más información en la entrada Los sucesos de Hollister. [...]

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