Los bikers no saben leer

Los bikers no saben leer

Hará cosa de unos 15 años quise hacer un documental sobre la cultura biker.En ese momento estaba prácticamente introduciéndome en el mundillo y las pocas referencias que tenía de ello me venían dadas por lo poco del tema que está al alcance de todo el mundo incluyendo, como no, EasyRider. Fue una época bonita. Siempre que descubres algo y poco a poco te vas introduciendo en ello y cada vez te va atrapando más y te sientes más cómodo, es algo realmente agradable que, en cierta forma, ayuda a construirte la personalidad. Me pasó lo mismo cuando, pocos años antes, descubrí el cine de serie B de los 60, 70 y 80 y solo dependía de mí ir conociendo más y más, dedicándole muchas horas y poca ayuda del exterior.

Cuando planeé ese documental (y que iba a llamarse, por cierto, La Cultura del Asfalto), mis referencias, pues, eran la película de Dennis Hopper, Los Ángeles del Infierno de Roger Corman, Los Sádicos de Satán de Al Adamson, el libro de Hunter Thompson y algunos artículos que había leído en revistas y periódicos desperdigados. En consecuencia, me introduje en el mundillo biker lleno de clichés y prejuicios pero tremendamente atraído por su supuesta sordidez.

Como quise coger el toro por los cuernos, me puse en contacto con un par de clubs (los que, desde mi desconocimiento, me parecieron más potentes) y ambos me recibieron. Les expuse mi proyecto y enseguida se mostraron dispuestos a colaborar. Tuve varias reuniones con ellos a modo de documentación, algunas con una cámara y otras sin ella y fue entonces cuando, poco a poco, me fui dando cuenta de que las cosas no eran exactamente como las pintaban Hunter Thompson o Roger Corman. O, al menos, no únicamente. Al conocerlo todo de primera mano, me convencí de que el mundo biker ‘real’ tiene muchos puntos en común con lo que los profanos piensan que es el mundo biker, pero a la vez está lleno de matices que hacen que cualquiera pueda sentirse a sus anchas acercándose más o menos a un lado o al otro. O al de más allá. Supongo que esa diversidad fue lo que me confirmó que no me había equivocado al empezar a relacionarme con ‘sucios’ bikers, ¡esa ‘gentuza’ llena de cruces de hierro y que llevan mucho tiempo sin conocer un buen afeitado! Quería formar parte de ello.

Todavía tardé un tiempo en conseguir comprarme la moto que quería pero, mientras tanto, seguí visitando esos clubs y reuniéndome con sus presidentes y otros miembros; conociendo sus maneras de pensar y de entender muchas cosas y descubriendo que sería un absurdo hacer un simple documental sobre el mundo biker. Porque, realmente, existen muchos mundos bikers. Definitivamente, en una hora y media o dos horas solo sería capaz de mostrar la superficie. Y, ¿no era eso lo que hacían todos los demás documentalistas y periodistas que habían querido retratarlo?

Abandoné el proyecto de La Cultura del Asfalto solo unos meses después de haberlo planeado pero por entonces ya no me importaba lo más mínimo. Lo único que quería era comprarme la moto y escalar el último peldaño para ser uno más. Dicen los psicólogos que el sentimiento de pertenencia a un grupo es algo importante para el ser humano. Pero más que pertenecer a un grupo, lo que sentía es que quería formar parte de esa cultura que me fueron descubriendo poco a poco; ser parte de ella y contribuir, dentro de mis posibilidades.

Portadas de EasyridersY pasó el tiempo. Conseguí mi burra (una Heritage Softail a la que tan solo cromé unas partes y añadí cuatro chorradas). Seguí visitando esos dos clubs y otros muchos; descubriendo bares, conociendo MCs, yendo a concentraciones… y hasta acabé escribiendo para la edición española de Easyriders que, de alguna forma, vi como una manera de contribuir a esa cultura biker (algún día hablaré de eso). En ese mismo periodo me fui dando cuenta que no me apetecía, realmente, acabar entrando en ningún club (en uno de ellos ya tenía los tres padrinos de rigor y solo dependía de que yo mismo lo solicitara en serio) y, supongo que por inercia, acabé autoproclamándome free biker.

tyrannosaurus books logoUnos años después fundé Tyrannosaurus Books, la editorial con la que ahora intento ganarme la vida, y el primer libro que saqué fue Biker Films. Historia del cine biker (que después ha sido reeditado por otra editorial). La primera edición se agotó enseguida, lo que acabó de convencerme de que otro de los prejuicios que existen sobre los bikers (aquel que dice que básicamente beben cerveza y buscan bronca y no tienen ningún interés en nada más) no era así del todo. Aunque, no nos engañemos, a todos nos gusta (en mayor o menor medida) jugar a ese juego. No deja de ser algo divertido, ¿verdad? De hecho, recuerdo cuando en las primeras reuniones que tuve con uno de los clubs para la preparación de La Cultura del Asfalto, algunos viejos bikers me vacilaron por pardillo. En una ocasión llevé conmigo unos fanzines que había hecho tiempo atrás y en los que hablaba (entre otras cosas) de cine biker. Cuando quise regalárselos a mi entrevistado me soltó “¿Es que no sabes que los bikers no sabemos leer?”.

…y el caso es que esa pregunta me estuvo dando vueltas en la cabeza durante muchos años. Evidentemente, no en sentido literal, sino por lo que podía implicar; lo que se podía sacar de ella.

chiste

¡Lee otra vez la parte de la moto voladora!

A lo largo de los años me he preguntado varias veces porque no existe una literatura biker en este país. Hay libros desperdigados por aquí y por allá, sí, pero nada que ver con lo que pasa en otras partes del mundo. La edición española del libro de Sonny Barger, por ejemplo, lo sacó una tienda de tatuajes de Barcelona. ¿Por qué ninguna editorial establecida pensó en apostar por el libro antes? Y no solo ese. Sonny tiene algunos libros la mar de divertidos, incluyendo su novela Dead in 5 Heartbeats (la de 6 Chambers 1 Bullet no he tenido ocasión de leerla) que siguen inéditas en castellano. OutlawBiker: MyLife At Full Throttle, de Richard Hayes, es otro libro, completamente pasado de vueltas, que haría las delicias de cualquier aficionado a Sons of Anarchy, por ejemplo (para mi gusto, bastante sobrevalorada, pero este es otro tema). ¡En Estados Unidos incluso existen libros de cocina y guías de negocios the biker way!

Y pasa lo mismo con el cine. Existen multitud de pelis clásicas bikers que no están editadas en España (algunas de ellas tuvieron distribución en su momento y otras no), y constantemente se hacen nuevas pelis del mismo género por todo el mundo.

Anuncio del Boston Globe para promover la lectura.

Aquí hay un enorme público potencial para esta clase de libros y películas pero, ¿se venderían? Si intento valorarlo por como funcionó Biker Films. Historia del cine biker, diría que sí, sin dudarlo. Pero no puedo ser objetivo. Yo compraría estos libros y estas películas pero, y los demás ‘sucios’ bikers barbudos, ¿qué? ¿Preferirían gastarse el dinero en cerveza y ácido? Mucho me temo que este es el razonamiento de las grandes editoriales y distribuidoras cinematográficas. El dinero solo conoce la superficie porque a menudo somos demasiado impermeables, y porque a muchos nos gusta vacilar inocentemente a la peña que se acerca del exterior. Y eso hace que nos perdamos algunas cosas. Y, sí, se puede vivir sin todo eso, claro que sí. Es solo que molaría. Y el hecho de que haya habido iniciativas privadas como la de la edición española del libro de Sonny Barger o la que llevó a cabo un conocido MC hace unos años editando en DVD 3 clásicos del cine biker, da que pensar. Y más que nada, confirma que no es cierto eso de que los bikers no saben leer.

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